13 de febrero de 2015
12 de febrero de 2015
24 HORAS PARA EL SEÑOR
Acogiendo la invitación del Santo Padre, el Papa Francisco, 24 Horas para el Señor con el Lema “Dios es rico en Misericordia” (Ef. 2,4), Nuestra Iglesia Parroquial de Cristo Rey estará abierta desde muy temprano para que cada
uno se encuentre con el Señor, desde la Oración y Confesión. Estará expuesto el
Santísimo Sacramento para fortalecer nuestra amistad con el Señor.
9 de febrero de 2015
ORACIÓN: JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015
JORNADA MUNDIAL DEL
ENFERMO 2015
ORACIÓN
Señor, en mi vida me pregunto
muchas
veces cómo actuarías Tú.
Te
veo junto a los enfermos, cómo les ayudas,
y
cómo afrontas Tú el sufrimiento.
¡Cuánto me falta para parecerme a Ti!
Dame tu Espíritu,
Señor.
Dame un corazón
misericordioso como el tuyo.
Llénalo de esperanza
cuando estoy enfermo
o cuando acompaño a
quien lo está.
Ilumina mi mirada
para acercarme a los
enfermos y sus familias
descubriendo sus
necesidades,
pero también sus
riquezas y recursos.
Y tú, María, que
guardabas
todos los misterios de
la vida en el corazón,
haz que yo guarde en
el mío las preciosas
—y a veces dolorosas—
experiencias
compartidas en medio del dolor,
y las transforme en Vida.JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015
Preparándonos
para celebrar, el próximo miércoles 11 de febrero en el Santuario Diocesano Santo Cristo de la Salud, la
JORNADA MUNDIAL DE LOS ENFERMOS en la Fiesta de NUESTRA SEÑORA
DE LOURDES. Celebración presidida por nuestro Obispo Saúl Figueroa
a a las 10:00 am.
Recordarles, a nuestro
enfermos, que la enfermedad nos ayuda a confiar más en Dios, que nunca tienta
por encima de nuestras fuerzas, y a poner nuestra seguridad en Él, en la
filiación divina, en el abandono pleno en sus brazos fuertes de padre. Él
conoce bien nuestras fuerzas y no nos pedirá nunca más de lo que podamos dar.
La enfermedad, o cualquier desgracia, es buena ocasión para llevar a la
práctica el consejo de San Agustín: "hacer todo lo que se pueda y pedir lo
que no se puede", pues Él no manda cosas imposibles.
Estamos
en el año de la VIDA CONSAGRADA, y nuestro Santuario Diocesano Santo Cristo de
la Salud, es uno de los lugares previsto por nuestro Obispo Saul Figueroa Albornoz para lucrar la
indulgencia plenaria y como nos dice él en su EXHORTACION PASTORAL:
"...durante este Año TODOS LOS FIELES arrepentidos, que se hayan confesado
y comulgado sacramentalmente y recen por las intenciones del Sumo Pontífice,
podrán lucrar la indulgencia plenaria de la pena temporal de sus propios
pecados y también como sufragio por las almas de los fieles difuntos...y en la
visita piadosa, incluyendo las condiciones anteriores, el rezo de la Liturgia
de las Horas o dedicar un período de tiempo para meditar con piedad,
concluyendo con el Padrenuestro, la Profesión de fe e invocaciones a la
bienaventurada Virgen María".
VAYAMOS
AL ENCUENTRO DE CRISTO QUIEN NOS INVITA PARA SER CURADOS.
A
CONTINUACIÓN EL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO:
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA XXIII JORNADA
MUNDIAL DEL ENFERMO 2015
Sapientia cordis.
«Era yo los ojos del ciego y del
cojo los pies»
(Jb 29,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de
Enfermo, instituida por san Juan
Pablo II, me dirijo a ustedes que llevan el peso de la enfermedad y de
diferentes modos están unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también
a ustedes, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.
El tema de este año nos invita a meditar
una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies»
(29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la
sabiduría del corazón.
1. Esta sabiduría no es un conocimiento
teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe
Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de
compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una
actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien
sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de
Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar
nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal
90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los
frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.
2. Sabiduría del corazón es servir al
hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del
ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los
necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene
un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta
en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del
huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también
hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son
«ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los
enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda
para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente
cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es
relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una
persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es
capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste!
En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor,
y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
3. Sabiduría del corazón es estar con el
hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza
a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser
servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).
Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve» (Lc
22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que
nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia
silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos
que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y
consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que
insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas
gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.
4. Sabiduría del corazón es salir de sí
hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo
empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa,
por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la
gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de
esta actitud hay con frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra
del Señor, que dice: «A mí me lo hicieron» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la
absoluta prioridad de la “salida de sí hacia el otro” como uno de los mandamientos
principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para
discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la
donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179).
De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con
el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).
5. Sabiduría del corazón es ser solidarios
con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para
curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos,
como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él,
durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían
que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro
de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de
Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que
no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad
que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su
respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús,
acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito,
totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano,
especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el
cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la
fe pero también son verificación de la fe (Cf Homilía con ocasión de la
canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).
También cuando la enfermedad, la soledad y
la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del
dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para
lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de
su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de
oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas
sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden
volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento,
aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el
fondo.
6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo
a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la
Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.
Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede,
como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que
en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del
dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del
corazón.
Acompaño esta súplica por todos vosotros
con la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de diciembre de 2014
Memorial de San Francisco Javier
FRANCISCUS
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