17 de junio de 2016
VI PEREGRINACIÓN NOCTURNA
El santo Padre Francisco, en su BULA DE CONVOCACIÓN DEL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA, nos dice que: " La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. (...) cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros" (nº 14)
Esta será la VI Peregrinación nocturna desde la Parroquia Cristo Rey - Morón, hasta nuestro Santuario.
Ojala puedas dejar tu EXPERIENCIA de lo que ha significado hacer la peregrinación hasta el Santuario.
4 de junio de 2016
AGENDA MES JUNIO
☆ Sábado 18: Santa María en sábado
+ 7:30
am: Santa Misa.
+ 9:00
am: reunión con los padres de los chicos de Catequesis de Comunión y
Confirmación.
Catequesis.
☆ Domingo 19: XII DEL TIEMPO ORDINARIO. DÍA DEL PADRE.
+ 7:00
am: Exposición del Santísimo - Confesiones.
+ 8:00
am: Santa Misa en Cristo Rey.
+
10:00 am: Santa Misa en San Vicente Ferrer.
☆ Lunes 20: Cumpleaños de Octavia Lamas.
+ 5:00
pm: Santa Misa en Cristo Rey.
☆ Martes 21: San Luis Gonzaga, Religioso.
+ 5:00
pm: Santa Misa en San Vicente Ferrer - Alpargatón.
☆ MIÉRCOLES 22: Formación Parroquial.
+ 3:00
pm: Reunión con los Catequistas
+ 5:00
pm: Santa Misa en Cristo Rey. .
☆ Jueves 23:
+ 4:00
pm: Exposición del Santísimo.
+
5:00 pm: SANTA MISA DE LAS I VÍSPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE
SAN JUAN BAUTISTA.
☆ Viernes 24: SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA.
+ 9:00
am: Salida de Bus desde Cristo Rey.
+
10:00 pm: SANTA MISA DE SOLEMNIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA EN URAMA.
☆ SÁBADO 25: PASEO A BARQUISIMETO - DIVINA PASTORA
☆ Domingo 26: XIII DEL TIEMPO ORDINARIO. COLECTA IMPERADA DEL OBOLO.
Cumpleaños
de Marina Brito; Elsa Castillo.
+ 7:00
am: Exposición del Santísimo - Confesiones.
+ 8:00
am: Santa Misa en Cristo Rey.
+
10:00 am: Santa Misa en San Vicente Ferrer.
☆ Lunes 27: Iglesia en Salida.
+ 4:00
pm: Santo Rosario en Banco Obrero Viejo, estacionamiento entre la calle 18 y 21.
+ 5:00
pm: Santa Misa en Banco Obrero Viejo, estacionamiento entre la calle 18 y 21.
☆ Martes 28: San Ireneo, obispo y mártir. Iglesia en Salida.
+ 3:00
pm: Salida desde Cristo Rey al Sector Río Abajo.
+ 4:00
pm: Pequeña comunidad - Lectio Divina.
+
5:00 pm: Santa Misa en el Sector Río Abajo. I Vísperas de la Solemnidad de los
Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
☆ MIÉRCOLES 29: SOLEMNIDAD DE LOS APOSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO.
+ 4:00
pm: Santo Rosario. Por las intenciones del Papa Francisco y nuestro Papa
Emérito Benedicto XVI.
+ 5:00 pm: Santa Misa en
Cristo Rey.
☆ Jueves 30: XIII del Tiempo Ordinario
+ 9:00
am: Formación Sacerdotal.
+ 4:00
pm: Exposición del Santísimo.
+ 5:00
pm: Santa Misa en Cristo Rey.
19 de mayo de 2016
CORPUS CHRISTI DIOCESANO
Queriendo vivir
nuestro lema: “Hacia una Diócesis más unida a
Cristo” siendo una iglesia particular en salida,
este año realizaremos el CORPUS CHRISTI DIOCESANO en la Parroquia San Pío X – El Cambur el domingo 29 de mayo de 2016.
La celebración de la Eucaristía iniciará entrando,
desde la Autopista, al antiguo peaje del Cambur en la Cacha deportiva allí
cercana.
Nosotros como Parroquia Cristo Rey nos preparamos para
ir a compartir con nuestros hermanos, encabezado por nuestro Obispo Saúl y
todos los Sacerdotes. Saldremos a las 7:00 am desde Cristo Rey – Colinas de
Mara lo anotados en el bus. Quien tenga carro que también haga su experiencia
de salir.
16 de mayo de 2016
HACIA EL PENTECOSTÉS JUVENIL VOCACIONAL
Nuestra Parroquia Cristo Rey, se prepara para participar en el PENTECOSTÉS
JUVENIL VOCACIONAL a
realizarse el próximo 21 de mayo en
la Parroquia Nuestra Señora del Socorro – Patanemo.
La salida será, desde Cristo Rey – Colinas
de Mara, a las 7:00 am lo que estén anotado en el bus.
12 de mayo de 2016
¿Católico, y político? ¿Político, y católico?
De un artículo titulado: ¿Católico, y político? ¿Político, y católico? En
donde hace mención a los: Escándalos,
corrupción, abusos de poder… deterioran la imagen que tienen los ciudadanos de
la actividad política. Algunos llegan a preguntarse sobre la posibilidad de una
dedicación a las tareas públicas y una fe coherente: ¿católico, y político? Sin
embargo, esos comportamientos no pueden justificar un rechazo de la política en
cuanto tal: denotaría una comprensión defectuosa de la misión de los cristianos
en el mundo.
Dejo para la reflexión el artículo sobre la ciudad común por el
Cardenal ganés Peter Turkson, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz
La ciudad común
Por Cardenal
Peter Kodwo Appiah Turkson
Tras explicar las tareas respectivas del
Estado y la Iglesia, se refiere al empeño de los cristianos en los asuntos del
mundo: no los contemplan pasivamente, sino de manera comprometida. En
particular, la presencia de los católicos en el ámbito político habría de
configurarse en torno a tres elementos: una conducta que sea ejemplo; la
responsabilidad madura; y la visión general, dirigida al bien de todos
Cuando era un joven estudiante, me
impresionó mucho esta frase de san Agustín: “Un
Estado sin justicia es como una banda de ladrones”. Me llamaba mucho la
atención el estilo, la fuerza y el vigor de esta declaración, recogida, por
otra parte, en 2005 por Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est. El número
monográfico de Palabra que tengo el placer de abrir lleva un
título muy inteligente: “¿Católico,
y político?”.
Una relación compleja
Invito, en primer término, al lector a
prestar atención a esa coma, no casual, situada entre “católico” y “político”.
¡Qué complejidad y qué dificultad encierra esa pregunta, esa relación!
La relación entre cristianismo y política constituye un verdadero
universo, que atraviesa de manera compleja y variada toda nuestra historia; y,
no obstante, pocas veces la comprendemos bien. ¿En qué sentido? En el sentido
de que sigue habiendo, dentro y fuera de los ambientes católicos, quien piensa
que la religión cristiana, que tiene su sacramento en la Iglesia, constituye de
hecho una instancia totalitaria y opresora: entiéndase bien, se trata de una
postura propia de quienes todavía conciben la Iglesia –incluso en un ámbito
católico o, en sentido amplio, cristiano– en términos de cristiandad orgánica.
Sobre esto quisiera ofrecer una cita muy importante. Es un pasaje de Jacques
Maritain, en el que escribió: “Hay
gente que, en nombre de la verdad religiosa, querría adoptar como principio la
idea de la intolerancia civil. […] En el extremo opuesto, hay gente que, en
nombre de la tolerancia civil, querría hacer que la Iglesia y el cuerpo
político vivieran en un aislamiento total y absoluto”.
Es cierto que en el curso de los siglos,
desde la llamada “Donación de Constantino”, hasta el cesaropapismo o las
diversas formas de fusión entre el trono y el altar, de idolatría de poder
mundano de la Iglesia institucional y la idea de una religión de Estado, los
católicos también hemos practicado la identificación entre fe y política. Pero,
en el curso de esos mismos siglos y llegando hasta la actualidad –en particular
desde del Concilio Vaticano II, pero sobre todo a partir de las palabras de
Cristo: “Dad al César lo que
es del César, y a Dios lo que es de Dios”–, no podemos sino descubrir la
distinción clara entre las dos esferas, distinción que, también en términos
jurídicos, subsiste en la diferencia entre la esfera de la Iglesia y la esfera
del Estado. El Evangelio, en efecto, no contiene normas civiles, no es un
manual de nociones políticas ni de Derecho Canónico, no indica una idea o un
sistema político, sino que habla al hombre. En este sentido, el Evangelio
precede a la política.
Un texto muy ilustrativo a este
propósito lo escribió Pablo VI en 1969: “Es
bien cierto”, decía el Papa Montini, “que
los fines de la Iglesia y del Estado son de orden diverso, y que ambas son
sociedades perfectas, dotadas de medios propios, e independientes en la
respectiva esfera de acción, pero también es verdad que una y otro actúan en
beneficio de un sujeto común, el hombre […] en la pacífica convivencia con sus
semejantes”.
¿Qué significa esto? Que el rostro
concreto e institucional de la Iglesia y la esfera de la comunidad política,
del Estado, son, sí, distintos desde el punto de vista específicamente
material, o sea histórico y político, pero han de coordinarse con vistas al
bien común. Y precisamente de este “coordinarse” emergen con frecuencia los
mayores equívocos y prejuicios, tanto en sentido estatalista como en sentido
clerical (“clerical” no significa “eclesiástico”; y “anticlerical” es
completamente distinto de “antieclesiástico”).
Compromiso político
Ahora, sin
embargo, volvamos un momento a las palabras de san Agustín citadas al comienzo,
palabras muy fuertes y, en muchos aspectos, sorprendentes. Agustín sitúa la
justicia en el centro de la idea de Estado. Me viene con ello a la memoria una
famosa declaración de Pablo VI, que afirmó que la política es una forma alta de
caridad. Pues bien, caridad y justicia son dos principios centrales del
cristianismo y de la doctrina social de la Iglesia. En la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI, leemos: “Por un lado, la caridad exige la
justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las
personas y los pueblos. Se ocupa de la construcción de la «ciudad del hombre»
según el derecho y la justicia. Por otro, la caridad supera la justicia y la
completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón”.
Y continúa
después: “La caridad […]
otorga valor […] a todo compromiso por la justicia en el mundo”.
Este es el
compromiso. ¿Qué compromiso? El compromiso por el bien común. Como sigue
diciendo la encíclica, “desear
el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar
por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de
instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida
social, que se configura así como pólis,
como ciudad”.
Si se
consideran todos estos elementos, se entiende inmediatamente la necesidad y la
naturaleza del compromiso político para el cristiano. El cristiano es, desde luego,
consciente de la autonomía de la política respecto de una traducción directa de
la norma evangélica en norma civil, pero se interesa por cómo van las cosas, no
es indiferente ante el estado de las cosas de este mundo. Como cristiano habla
el lenguaje de este mundo tanto como el “del otro mundo”, gracias al ejemplo de
la Encarnación de Cristo: Dios que, haciéndose hombre, ha unido la tierra con
el cielo.
En
consecuencia, el cristiano no es un observador pasivo de los asuntos del mundo,
sino que está llamado a la acción, a la participación, a la mejora de las
condiciones materiales según la justicia y según la libertad: una libertad que
es el primer don concedido por Dios al hombre. Tal compromiso requiere tres
elementos ulteriores: la conducta, la responsabilidad, la visión general.
Conducta y responsabilidad
Detengámonos
con brevedad en cada uno de ellos. En primer lugar, la conducta. El
comportamiento del cristiano en política es necesariamente ejemplo para
aquellos a los que guía. El político cristiano debe ser consciente de que la
perícopa evangélica sobre el César y Dios implica que el poder no tiene su
última sustancia en el hombre, o mejor, en el arbitrio del hombre. El poder es,
por tanto, un servicio, es decir, no se identifica con el hombre. En este
sentido, el cristiano debe dar ejemplo observando una conducta personal que
establezca una coherencia entre esfera pública y esfera privada.
La
responsabilidad: de conformidad con la idea del poder como servicio, el
cristiano en política, por así decirlo, se inclina hacia su pueblo, e
inclinándose lo respeta, escucha a todos, dialoga con todos. Obviamente guía y
siente la responsabilidad de guiar, pero es responsable de todos y no de una
minoría, ni siquiera la constituida por los propios cristianos. En este
sentido, tiene una vocación que en términos históricos y seculares llamamos
democrática y pluralista, y que ve en las instituciones el instrumento y la
tutela de derechos que preexisten a las instituciones mismas.
Visión general, el partido
En tercer
lugar, la visión general: es el resultado directo de una responsabilidad basada
en el Evangelio de la caridad, que respeta a cada hombre en cuanto hombre, sin
distinciones, y que descubre en la vida de cada uno una dignidad sagrada e
inviolable. Así, no establece jerarquías entre seres humanos, no admite
discriminaciones ni violaciones, y tiene siempre una visión general que en la
fatiga del diálogo compone el itinerario histórico de una nación.
Hay después
otro tema fundamental: el del partido. Las intervenciones que siguen a mi
exposición desarrollarán los diversos rostros de la relación entre catolicismo
y política desde múltiples puntos de vista; pero ahora permítaseme una
pregunta: ¿es correcto hablar de un “partido católico”?
El partido, lo
dice ya la palabra, es parte, facción, división; y división es la política. Y
es bueno que sea así, porque la dialéctica es la sal de la libertad y de la
democracia. El catolicismo es, en cambio, religión, es decir: universalidad y
no parte.
Entiendo,
entonces, que la expresión “partido católico” es una contradicción in terminis. Más correcto sería
decir, en su lugar, partido de inspiración cristiana o centralidad de la
libertad de conciencia en las decisiones públicas. Es decir, el partido es, en
cuanto realidad mundana de la política, una realidad autónoma respecto de la
religión, pero la inspiración constituye, digamos, su cultura política, sus
ideales: precisamente la inspiración que constituye los trazos de su identidad.
El partido, en este contexto, es impensable que sea un ordenamiento de la
Iglesia, que hable en nombre de la Iglesia: aquí aparece de nuevo la idea de la
visión general.
Maduración personal
Pero, ¿qué es
lo que más nos importa en estos atormentados tiempos, nuestros que necesitan el
compromiso decidido y fuerte de los cristianos en el espacio público, o sea, en
la esfera política? Que ellos maduren su vocación interiormente y con plena
honestidad. En este sentido, quisiera dirigirme a todos los que ya han
emprendido esta actividad, y a cuantos se proponen seguirla, y proponerles
algunas preguntas:
•
¿Estás trabajando verdaderamente por la justicia?
•
¿Te has preguntado seriamente cuál es la razón de tu compromiso?
•
¿Estás dispuesto a entender el poder como servicio a tu pueblo?
•
¿Estás dispuesto a respetar fielmente las leyes?
•
¿Has comprendido a fondo tu conducta pública y privada? ¿Son coherentes entre
sí, sin moralismo ni hipocresía?
• ¿Estás
contribuyendo a que sean apreciadas la libertad, la justicia, la legalidad?
•
¿Estás siempre dispuesto al diálogo, y a ejercitar el poder en los límites de
las leyes?
Creo que todo ha de partir de una acción
de comprensión profunda, de un examen libre de conciencia que guíe la actuación
del cristiano en política.
La perspectiva de inspiración cristiana
es siempre general, mira siempre al bien de todos, también de los no
cristianos. Es algo sobre lo que hay que reflexionar plenamente, especialmente
si se atiende a la situación europea y al movimiento de las etnias, de las
culturas y las mentalidades en el mundo globalizado.
Empeño común
Para concluir, quisiera recordar lo que
dice San Pablo: que todos somos miembros unos de otros, todos nos necesitamos
mutuamente. Porque a cada uno de nosotros se nos ha dado una gracia según la
medida del don de Cristo. Para la utilidad común.
Así, hoy vuelvo a tener una gran
esperanza de que se realice un renovado, efectivo y fructífero compromiso de
todos por el bien común, de manera que todos los hombres se empeñen con
tenacidad e inteligencia, según sus posibilidades personales, en la mejora del
mundo de acuerdo con la justicia y la libertad.
En el año 2013 se celebra el
quincuagésimo aniversario de un documento de formidable importancia y belleza,
la carta encíclica Pacem in
terris, del beato Juan XXIII. En ella, el Papa no se dirigía sólo a los
católicos o a los creyentes de otras confesiones, sino a todos los hombres de
buena voluntad. También yo desearía ofrecer un mensaje de estímulo, dirigiendo
la mirada a la fuerza de liberación que procede de Jesucristo, que ha
transmitido a sus discípulos el compromiso por la caridad, la justicia y la
solidaridad, ante todo en favor de quien pasa necesidad o tiene hambre y sed de
justicia, y contra las múltiples, poliédricas y a menudo insidiosas opresiones
que afligen la vida de cada persona.
Descubrir a Cristo, el rostro y el
nombre de Cristo, Mesías sufriente, significa que cada uno de nosotros se haga
cargo de su deber de fraternidad hacia el prójimo, en particular hacia quien se
ve obligado a vivir en los abismos de la soledad o del dolor, o quien, viviendo
en su propia injusticia, no la ve y, oprimiendo al prójimo, se oprime también a
sí mismo. Este es el sentido profundo que interroga la conciencia del cristiano
que pretende acometer una actividad política.
En el último día todos responderemos de
la justicia. Por eso, dentro de los límites de la insuficiencia humana,
comprendamos que es prioritaria la caridad hacia todo hombre, y sintamos en
nuestro cuerpo todas las injusticias hechas a cualquier criatura, en cualquier
lugar del mundo. Los problemas actuales afligen a personas concretas, a
familias, a comunidades, a pueblos, a naciones; y requieren la construcción de
una nueva ciudad del hombre, que finalmente reconozca y valore en todas partes
el lugar central de la dignidad de cada ser humano. Los católicos no deben
reunirse sólo para plantar batalla en defensa de principios: han de ser
abiertos, libres, activos y curiosos; no han de ver la Cruz como una
“propiedad” para esgrimir contra los demás; y han de percibir el servicio en
espíritu de libertad, conscientes de que todo poder sobre esta tierra puede
matar. Como afirma San Pablo, en efecto, la “letra
mata, y el Espíritu vivifica”.
Puedes mirar otros artículos en:
http://enlacumbre2028.blogspot.com/2013/06/catolico-y-politico-politico-y-catolico.html?q=dictadura
La intimidad en el matrimonio
La
intimidad en el matrimonio: felicidad para los esposos y apertura a la vida
El amor
conyugal es un amor de entrega en el que el deseo humano se dirige a la
formación de una comunión de personas. Nuevo editorial de la serie sobre el
amor humano.
1.
El amor es la vocación fundamental innata de la persona humana como imagen de
Dios
El amor es la vocación fundamental
innata de la persona humana como imagen de Dios[1];
y el matrimonio es uno de los modos específicos de realizar íntegramente esa
vocación de la persona humana al amor. Por eso mismo, es el cauce para la
realización personal de los esposos. “El amor humano y los deberes conyugales
–decía san Josemaría refiriéndose a los casados– son parte de la vocación
divina”[2];
así, en otra ocasión, les recordaba “que no han de tener miedo a expresar el
cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar”[3].
EL PACTO CONYUGAL CREA ENTRE LOS ESPOSOS UN MODO ESPECÍFICO DE SER,
DE AMARSE, DE CONVIVIR Y DE PROCREAR.
Es claro, sin embargo, que cualquier
forma de relación entre los esposos no sirve como expresión del amor humano, ni
tampoco –en este caso– del amor conyugal. Tan solo cumple ese cometido aquella
forma de relacionarse que, como consecuencia de la recíproca donación personal
surgida de la alianza matrimonial, y por ello, siendo propia de los esposos,
recibe el nombre de amor conyugal. El pacto conyugal crea entre los esposos un
modo específico de ser, de amarse, de convivir y de procrear: el conyugal, que se
expresa en multitud de actos y comportamientos del acontecer íntimo cotidiano.
2. La sexualidad humana es parte integrante de la concreta
capacidad de amar que tiene el ser humano por ser imagen de Dios
La persona humana en abstracto no
existe, sino la persona sexuada; porque la sexualidad es constitutiva del ser
humano. “La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la
unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a
la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para
establecer vínculos de comunión con otro”[4].
La sexualidad es inseparable de la persona; no es un simple atributo, un dato
más. Es un propio modo de ser. Es la persona misma la que siente y se expresa a
través de la sexualidad. Lo amado, en el amor conyugal, es la entera persona
del otro, en cuanto y por cuanto es varón o mujer.
"EL HOMBRE Y LA MUJER, COMO PAREJA, SON IMAGEN DE DIOS"
(PAPA FRANCISCO)
Tanto el hombre como la mujer son imagen
de Dios como persona humana sexuada. “Y como todos sabemos, la diferencia
sexual está presente en muchas formas de vida, en la larga serie de los seres
vivos. Pero sólo en el hombre y en la mujer esa diferencia lleva en sí la
imagen y la semejanza de Dios: el texto bíblico lo repite tres veces en dos
versículos (26-27): hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios. Esto nos
dice que no sólo el hombre en su individualidad es imagen de Dios, no sólo la
mujer en su individualidad es imagen de Dios, sino también el hombre y la
mujer, como pareja, son imagen de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no
es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la
generación, siempre a imagen y semejanza de Dios” [5].
3. Los esposos responden a la vocación al amor en la medida que
sus relaciones recíprocas se pueden describir como amor conyugal
Es necesario, por eso, identificar
adecuadamente, qué es y qué exigencias conlleva el amor conyugal. De acertar o
no en la respuesta va a depender la felicidad de los esposos. ¿Cuáles son las
notas y las exigencias características del amor conyugal? El amor conyugal es
un amor plenamente humano, total, fiel, exclusivo y fecundo[6].
a. El amor conyugal es un amor plenamente humano y total. Ha de abarcar la persona de los esposos
en todos sus niveles: cuerpo y espíritu, sentimientos y voluntad, etc. Es un
amor de entrega en el que el deseo humano, que comprende también el “eros”, se
dirige a la formación de una comunión de personas. No sería conyugal el amor
que excluyera la sexualidad o que, en el otro extremo, la considerase como un
mero instrumento de placer. Los esposos han de compartir todo sin reservas y
cálculos egoístas, amando cada uno a su consorte no por lo que de él recibe,
sino por sí mismo. No es, pues, amor auténticamente humano y conyugal el que
teme dar todo cuanto tiene y darse totalmente a sí mismo, el que sólo piensa en
sí, o incluso el que piensa más en sí que en la otra persona.
SI EL AMOR CONYUGAL ES TOTAL Y DEFINITIVO, HA DE TENER TAMBIÉN COMO
CARACTERÍSTICA NECESARIA LA EXCLUSIVIDAD Y LA FIDELIDAD
b. Un amor fiel y exclusivo. Si el amor conyugal es total y
definitivo, ha de tener también como característica necesaria la exclusividad y
la fidelidad. “La unión íntima, prevista por el Creador, por ser donación mutua
de dos personas, hombre y mujer, exige la plena fidelidad de los esposos e
impone su indisoluble unidad”[7].
La fidelidad no sólo es connatural al matrimonio sino también manantial de
felicidad profunda y duradera. Positivamente, la fidelidad comporta la donación
recíproca sin reservas ni condiciones; negativamente, entraña que se excluya
cualquier intromisión de terceras personas –y, esto, a todos los niveles: de
pensamiento, palabra y obras– en la relación conyugal.
c. Y un amor fecundo, abierto a la
vida. El amor conyugal
está orientado a prolongarse en nuevas vidas; no se agota en los esposos. La
tendencia a la procreación pertenece a la naturaleza de la sexualidad. En
consecuencia, la apertura a la fecundidad es una exigencia de la verdad del
amor matrimonial y un criterio de su autenticidad. Los hijos son, sin duda, el
don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los
propios padres (otra cosa distinta es que, de hecho, surjan o no nuevas vidas).
Estas características del amor son
inseparables: si faltara una de ellas tampoco se darían las demás. Son aspectos
de la misma realidad.
4. El amor conyugal: don y tarea
El amor de los esposos es don y
derivación del mismo amor creador y redentor de Dios. El sacramento del
matrimonio, concedido a los esposos como don y como gracia, es una expresión
del proyecto de Dios para los hombres y de su poder salvífico, capaz de
llevarles hasta la realización plena de su designio. Además de ser un don, el
matrimonio implica una tarea del varón y la mujer; una tarea que empeña la
libertad y la responsabilidad, y la fe.
EL AMOR CONYUGAL ES EXIGENTE Y ESTÁ LLAMADO A CULTIVARSE. COMO
VIRTUD, LOS ESPOSOS LO HAN DE CONSTRUIR CONSTANTEMENTE.
El amor conyugal no se agota en un solo
acto, sino que se expresa a través de una multitud de obras diarias grandes o
pequeñas. Es una disposición estable (un hábito) de la persona y, al mismo
tiempo, una tarea. El amor conyugal es exigente y está llamado a cultivarse.
Como virtud, los esposos lo han de construir constantemente, conforme a las
circunstancias de cada uno de ellos y de los afanes y agobios de cada día.
“El secreto de la felicidad conyugal
está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida
que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo
de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante
las dificultades, que hay que afrontar con deportividad”[8].
La felicidad conyugal no es posible si
la relación no se cultiva y se cuida día a día, a través de hechos concretos de
amor –expresados en palabras, en gestos de ternura, en detalles de cariño, en
actos de generosidad, de confianza, de sinceridad, de cooperación, etc.–, que
hacen realidad el mutuo compromiso de vivir en el amor (en-amor-dados).
Javier
Escrivá Ivars
[7] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 48, 49 y 50.
No hay que ver la fidelidad sólo como una respuesta a un compromiso adquirido,
sino, sobre todo, como la lógica consecuencia que se deriva del amor total, de
la recíproca donación personal sin reservas ni límites. Un amor con estas
características no puede menos que ser exclusivo y para siempre.
[8] “…Pobre concepto tiene del
matrimonio, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los
contratiempos, que la vida lleva siempre consigo” (san Josemaría, Conversaciones, 91).
Tomado de: http://opusdei.org/es-es/document/la-intimidad-en-el-matrimonio-felicidad-para-los-e/
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