4 de noviembre de 2020

CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN. CATEQUESIS PAPA FRANCISCO 04/11

 Queridos hermanos y hermanas:

(...) Durante su vida pública, Jesús recurre constantemente a la fuerza de la oración. Los Evangelios nos lo muestran cuando se retira a lugares apartados a rezar. Se trata de observaciones sobrias y discretas, que dejan solo imaginar esos diálogos orantes.

Estos testimonian claramente que, también en los momentos de mayor dedicación a los pobres y a los enfermos, Jesús no descuidaba nunca su diálogo íntimo con el Padre. Cuanto más inmerso estaba en las necesidades de la gente, más sentía la necesidad de reposar en la Comunión trinitaria, de volver con el Padre y el Espíritu.

En la vida de Jesús hay, por tanto, un secreto, escondido a los ojos humanos, que representa el núcleo de todo. La oración de Jesús es una realidad misteriosa, de la que intuimos solo algo, pero que permite leer en la justa perspectiva toda su misión. En esas horas solitarias -antes del alba o en la noche-, Jesús se sumerge en su intimidad con el Padre, es decir en el Amor del que toda alma tiene sed. Es lo que emerge desde los primeros días de su ministerio público.

Un sábado, por ejemplo, la pequeña ciudad de Cafarnaún se transforma en un “hospital de campaña”: después del atardecer llevan a Jesús a todos los enfermos, y Él les sana. Pero, antes del alba, Jesús desaparece: se retira a un lugar solitario y reza. Simón y los otros le buscan y cuando le encuentran, le dicen: “¡Todos te buscan!”. ¿Qué responde Jesús?: “Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido” (cfr Mc 1, 35-38). Jesús siempre está más allá, más allá en la oración con el Padre y más allá, en otros pueblos, otros horizontes para ir a predicar, otros pueblos.

La oración es el timón que guía la ruta de Jesús. Las etapas de su misión no son dictadas por los éxitos, ni el consenso, ni esa frase seductora “todos te buscan”. La vía menos cómoda es la que traza el camino de Jesús, pero que obedece a la inspiración del Padre, que Jesús escucha y acoge en su oración solitaria.

Características de la oración cristiana

El Catecismo afirma: «Con su oración, Jesús nos enseña a orar» (n. 2607). Por eso, del ejemplo de Jesús podemos extraer algunas características de la oración cristiana.

Ante todo posee una primacía: es el primer deseo del día, algo que se practica al alba, antes de que el mundo se despierte. Restituye un alma a lo que de otra manera se quedaría sin aliento.

Un día vivido sin oración corre el riesgo de transformarse en una experiencia molesta, o aburrida: todo lo que nos sucede podría convertirse para nosotros en un destino mal soportado y ciego. Jesús sin embargo educa en la obediencia a la realidad y por tanto a la escucha.

La oración es sobre todo escucha y encuentro con Dios. Los problemas de todos los días, entonces, no se convierten en obstáculos, sino en llamamientos de Dios mismo a escuchar y encontrar a quien está de frente. Las pruebas de la vida cambian así en ocasiones para crecer en la fe y en la caridad. El camino cotidiano, incluidas las fatigas, adquiere la perspectiva de una “vocación”.

La oración tiene el poder de transformar en bien lo que en la vida de otro modo sería una condena; la oración tiene el poder de abrir un horizonte grande a la mente y de agrandar el corazón.

En segundo lugar, la oración es un arte para practicar con insistencia. Jesús mismo nos dice: llamad, llamad, llamad. Todos somos capaces de oraciones episódicas, que nacen de la emoción de un momento; pero Jesús nos educa en otro tipo de oración: la que conoce una disciplina, un ejercicio y se asume dentro de una regla de vida. Una oración perseverante produce una transformación progresiva, hace fuertes en los períodos de tribulación, dona la gracia de ser sostenidos por Aquel que nos ama y nos protege siempre.

Otra característica de la oración de Jesús es la soledad. Quien reza no se evade del mundo, sino que prefiere los lugares desiertos. Allí, en el silencio, pueden emerger muchas voces que escondemos en la intimidad: los deseos más reprimidos, las verdades que persistimos en sofocar, etc. Y sobre todo, en el silencio habla Dios.

Toda persona necesita de un espacio para sí misma, donde cultivar la propia vida interior, donde las acciones encuentran un sentido. Sin vida interior nos convertimos en superficiales, inquietos, ansiosos - ¡qué mal nos hace la ansiedad! Por esto tenemos que ir a la oración; sin vida interior huimos de la realidad, y también huimos de nosotros mismos, somos hombres y mujeres siempre en fuga.

Finalmente, la oración de Jesús es el lugar donde se percibe que todo viene de Dios y Él vuelve. A veces nosotros los seres humanos nos creemos dueños de todo, o al contrario perdemos toda estima por nosotros mismos, vamos de un lado para otro. La oración nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en la relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación.

Y la oración de Jesús finalmente es abandonarse en las manos del Padre, como Jesús en el huerto de los olivos, en esa angustia: “Padre si es posible…, pero que se haga tu voluntad”. El abandono en las manos del Padre. Es bonito cuando nosotros estamos inquietos, un poco preocupados y el Espíritu Santo nos transforma desde dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: “Padre, que se haga tu voluntad”.

Queridos hermanos y hermanas, redescubramos, en el Evangelio, Jesucristo como maestro de oración, y sigamos su ejemplo. Os aseguro que encontraremos la alegría y la paz.

Saludos

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación. Pidamos a Jesús que nos ayude a redescubrirlo —a través de la lectura orante y cotidiana del Evangelio— como maestro de oración, y dispongámonos a aprender en su escuela. Así encontraremos la alegría y la paz, que solamente Él nos puede dar. Que Dios los bendiga.

26 de julio de 2020

José Gregorio y la pandemia

José Gregorio y la pandemia
Por: Antonio Pérez Esclarín.
26/07/2020

El anuncio de la beatificación  de José Gregorio  llegó como una excelente noticia en momentos en que Venezuela está sufriendo una profunda crisis humanitaria agravada por la pandemia del Covid 19, que debemos enfrentar con un sistema sanitario destruido,  sin los servicios esenciales, y con muchas personas sin alimentos, sin agua, y sin los medios higiénicos  para combatir el virus apropiadamente.
Es oportuno recordar que, cuando en el año 1919, murió José Gregorio, arrollado por uno de los pocos carros que  había en Caracas,  Venezuela estaba siendo azotada por la gripe española, una terrible pandemia que ocasionó  en el mundo  40 millones de muertos y en Venezuela, unos ochenta mil, el dos por ciento de la población de la época. Hubo días en que solo en Caracas, murieron mil personas. También entonces se prohibieron las concentraciones públicas, las procesiones, funciones de cine, ópera,  teatro y corridas de toros. Se suspendieron  las clases a todo nivel y colapsaron por falta de personal los servicios de  tranvías, telégrafos  y centrales telefónicas.  Los médicos prohibieron besos y abrazos. 
José Gregorio se incorporó a combatirla con su entrega habitual. Para  atender a mayor número de enfermos, utilizó por unos días un vehículo con chofer, pues antes acostumbraba visitar los enfermos a pie.  El gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez prohibió a la prensa hablar de la peste, pero José Gregorio y Luis Razetti tuvieron el valor de denunciar públicamente que lo que estaba matando a tanta gente no era la gripe propiamente dicha sino el estado de absoluta miseria en que vivía la mayoría de los venezolanos, mal alimentados y con escasa o ninguna condición de higiene, muchos con padecimientos crónicos de paludismo y tuberculosis.
En consecuencia, la celebración de la beatificación de José Gregorio debe impulsarnos a combatir la pandemia con su entrega y a trabajar como él por superar los gravísimos problemas que estamos sufriendo. Necesitamos reconstruir Venezuela sobre los valores ciudadanos y cristianos  que José Gregorio practicó de un modo tan  sobresaliente que le han hecho merecedor no sólo de la admiración y el cariño del pueblo venezolano, sino de su ascenso a los altares.  Entre ellos, la responsabilidad,  la honestidad,  el esfuerzo, su dedicación al estudio y el trabajo, su desprendimiento y generosidad que le llevaban a atender a los más pobres sin cobrarles e Incluso les regalaba las medicinas, su fe valiente y encarnada en el servicio a todos, su respeto a los que pensaban de un modo distinto a él,  la búsqueda del bien común, la  piedad, el amor a la familia, a la iglesia y  al país.
De muy poco servirá su beatificación y las celebraciones con ese motivo, si no nos esforzamos por encarnar en nuestra conducta y en nuestras vidas dichos valores y no los sembramos en nuestras relaciones y en las estructuras políticas, económicas,  educativas  y sociales. José Gregorio amó siempre profundamente a Venezuela y a los venezolanos, especialmente a los más pobres,  se esforzó por modernizar al país  y sacarlo  del atraso y la miseria,  practicó su profesión de médico como un apostolado de servicio, fue un investigador y eminente profesor universitario,  y  pocos saben que fue uno de los primeros en alistarse como voluntario para combatir a las fuerzas extranjeras cuando, en 1902, siendo presidente Cipriano Castro, bloquearon las costas de  Venezuela.

Controversia


Volver a Dios


21 de julio de 2020

La conversión pastoral de la comunidad parroquial

Instrucción La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia a cargo de la Congregación para el Clero, 20.07.2020

La conversión pastoral

de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia


https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/07/20/inst.html


Parroquias transformarse para evangelizar. 

Es un instrumento canónico-pastoral relativo a los diversos proyectos de reforma de la comunidad parroquial y de las reestructuraciones diocesanas: así se presenta la Instrucción "La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia", redactada por la Congregación para el Clero.


En él pide un cambio de mentalidad ante los retos del mundo de hoy, marcado por la era digital y la globalización, donde el contacto con otras culturas es continuo.

Propone responder con creatividad en este nuevo marco. Recomienda revitalizar la vida sacramental, no encerrarse en el propio entorno y mantener el contacto con los pobres y necesitados.

NUEVA MISIÓN

En línea con el mensaje del Papa se recuerda que es fundamental la unidad en la vida de una parroquia y que se debe encontrar el modo de ayudar a las personas.

PAPA FRANCISCO:

"Nuestras parroquias han sido invadidas por muchas iniciativas donde, a menudo, no se incide con profundidad en la vida de las personas. También a vosotros se os ha confiado la tarea de reavivar, sobre todo en este período, la vida de nuestras comunidades parroquiales".

La instrucción subraya la importancia de enseñar a los laicos a escuchar y meditar el Evangelio. Es importante conocerlo para saber comunicarlo y facilitar el encuentro personal con Cristo.

También recomienda cultivar verdaderas relaciones humanas abiertas al diálogo y la solidaridad.

CONVERSIÓN

El texto dice que hace falta una “renovación interior” de cada persona porque se deben formar cristianos responsables y capaces de tomar conciencia de su papel en la Iglesia.

Ofrece reflexiones sobre problemas como la falta de sacerdotes o la gestión financiera de una parroquia. Indica a los obispos que den explicaciones formales a los católicos cuando haya problemas.

Los destinatarios de este documento son los integrantes de comunidades parroquiales y su objetivo es ofrecerles ideas que sirvan para inspirar su misión.

Año del laicado venezolano


CONSEJO NACIONAL DE LAICOS DECLARA «AÑO DEL LAICADO VENEZOLANO» DESDE OCTUBRE 2020 HASTA OCTUBRE 2021

https://conferenciaepiscopalvenezolana.com/consejo-nacional-de-laicos-declara-ano-del-laicado-venezolano-desde-octubre-2020-hasta-octubre-2021

Santa María Magdalena


La Magdalena irrumpe en el Evangelio con la fuerza de quien ama profundamente y desea amar siempre más. De ella se escribe en el texto que Jesús había expulsado siete demonios, una afirmación que puede referirse a situaciones dolorosas, físicas o morales. En cualquier caso, el sufrimiento la condujo a Cristo y, desde entonces, no miró atrás. Comprendió que su caminar ya sólo tenía sentido si se gastaba al servicio de Dios y de los hermanos. Liberada de esos males, se muestra grande y generosa ante nuestros ojos, cuando —cercana a la Cruz— nos ofreció una lección de fortaleza; y luego, acudiendo a la tumba del Crucificado, no permitió que la esperanza se apagara en el mundo. ¡Gran discípula de Cristo fue María Magdalena!